jueves, 25 de octubre de 2007

- El submundo de Bob -

El sutil crujir de una fina capa de escarcha resonó en una helada mañana de occidente. Adentrado en un sucio y solitario callejón sin salida aguardaba en su singular quimera el espíritu libre de Bob.

Nómada de la urbe, paseaba diariamente por calles, paseos y plazas, ajeno a segundos, minutos y horas en la vanguardística sociedad del momento. Aislado de un hostil entorno, sus pasos –único método de confeccionante calorífico- de camino incierto, no eran perseguidos por la medida de un tiempo que pasaba no en vano.

Sus víveres, examinados minuciosamente entre los desechos de una sociedad invisible, se renovaban diariamente entre cubos de basura proporcionándole el sustento necesario para un nuevo día en el que divagar. Su faz era surcada por los arroyos de la vejez y su barba, bigote y pelo, negro como el carbón que iba perdiendo terreno ante el prematuro encanecimiento del mismo le cubrían una gran parte de su rostro. Unos oscuros ojos negros flameaban bajo unas peludas cejas deshilachadas. La mirada de Bob era suave, llana, bohemia e indiferente y sus manos eran semejantes a las de un humilde tejedor hindú. Deambulaba ante esquivas miradas glaciales, pero a Bob no le importaba navegar entre aquellos punzantes icebergs de vastos océanos helados.

El invierno era su único contencioso, una lucha constante de supervivencia, su más importante cruzada a la cual debía vencer en soledad. El frío calaba en sus huesos y las lluvias instalaban virilmente la humedad en sus debilitados bronquios. Su dormir era condicionalmente imperturbable. En sus sueños aparecían ganzúas libertarias que se abrían paso clandestinamente abriendo portones de civilizaciones encadenadas a sueños, subyugando no tan diferentes a una cercana realidad cautiva.

Bob se sentaba todas las tardes sobre un peldaño de un viejo portal del siglo pasado y observaba las calles concurrentes, las gentes, las modas, lo ostentoso y lo sencillo… observaba sobre todas las cosas la deficiente integridad humana, la esclavitud del ser, era un simple espectador de toda una pantomima. Hacía tiempo había dejado de ser una pieza más del sistema; nada deseaba, nada esperaba, él solo vivía viendo aquella constante película, era un espectador de lujo.


-Sitjar-

1 comentario:

Toni dijo...

A veces sueño con ser Bob..Pero hace falta muchos cojones para salir de este circulo en el que nacemos, crecemos y nos reproducimos.

"Lo peor de las malas personas es que nos obligan a dudar de las buenas"