miércoles, 15 de octubre de 2008

- Firma por los bosques -



Ayuda en la conservación de uno de nuestro hábitat más castigado por la acción desproporcionada del hombre, los bosques. Firma por una ley de bosques que ayudará a concienciar y a conservar un medio que poco a poco va desapareciendo acarreando graves efectos colaterales, tanto en la fauna como en el clima del planeta.

- Simple y llanamente -

Siempre llueve mierda para el que no tiene paraguas. En todo esto de la crisis hay algunas circunstancias que siguen estando claras y que podemos observar, descaradas, cada día. Pero, si nos ponemos receptivos e intentamos entender algunas de tan complejas argumentaciones sobre este periodo de naufragio de ejercicio económico, yo como ciudadano libre que soy, claro está que tengo mi propia opinión, entendible incluso por un niño de primaria. Si Einstein ideó su ley de la relatividad, ¿por qué no puedo afanarme a tener una propia por evidente que sea?.

Titularía como simple y llanamente la siguiente reflexión.

El proletario puede llegar a trabajar (por ley) un máximo de 48 horas semanales (un gran porcentaje supera con creces lo establecido… y no por amor al arte).

El proletario es incapaz (al amparo de dicho salario) de permitirte emanciparse o adquirir vivienda en propiedad. Matizo, a quién le guste vivir como una rata posee más posibilidades de hacerse con hogar propio.

El proletario, conviviendo en pareja o matrimonio, se encuentran ante la única alternativa acceder ante la posibilidad de hipotecarse por alguna entidad bancaria y pagar (algo inmoral pero amparado por la ley) intereses, tasas, etc.que incrementan desproporcionadamente el precio final de la vivienda. Mes a mes sube y sube… como si de fundirse los polos y engullirse la tierra se tratara metafóricamente, algo catastrofista para el ser humano.

El proletario, puede decidir procrear o abstenerme. Algunas veces el deseo no va con la decisión finalmente adoptada. En infinitas ocasiones por… el poder adquisitivo de la pareja.

El proletario se cansa de pagar subidas de alimentos, de euribor, de contribución, de comunidad y de impuestos de todo tipo. Si para el proletario es de menester un vehículo ya sea para llevar a su descendencia al colegio o ir a trabajar a 50, 60, 80 kilómetros de su casa, sigue pagando desproporcionados gastos, de entre ellos también impuestos y un precio de gasolina desorbitado. Es lo que tiene ser titular de un “artículo de lujo” que no desgrava a la hora de hacer la declaración de la renta.

El proletario (parte de éste) tiene que hacer frente año tras año a la declaración de la renta. Hacienda absorbe y quién no pague puede ver agravada su situación económica a través de alguna sanción normalmente. Que nadie deje a deber nada, ah bueno… menos los clubes de fútbol que deben 607 millones de euros. Normal que no sean sancionados, es ético hacer la vista gorda a quién se muere de hambre.

El proletario, a lo largo de su vida, va cargando con diferente variedad de lastres adversos a su capacidad de proliferación si hablamos de su economía y, ante ellos la resignación es lo único a lo que parece posible acogerse.

El proletario se somete al incesante incremento de la vida, especuladores, empresarios y tiburones del capitalismo se nutren de ello engordando sus arcas de manera más que considerable, el verbo más apropiado para representar estas acciones es el de: Subyugar.

Llega la crisis mundial (sólo se globaliza la alerta cuando el primer mundo ve las zarpas de cerca, como si África, Asia y Oceanía no lo hubieran estado durante siglos).

Pero para el proletario todo sigue más o menos igual o peor. Suben una serie de alimentos, aunque baja el combustible. El proletario va multiplicando su presencia en la cola del INEM, el sector urbanístico va en caída libre de entre otros. El sector turístico también padece, y eslabón tras eslabón se va rompiendo la cadena de la estabilidad económica. Ya saben, una cosa conlleva a otra.

Con el proletario en el paro y sin poder pagar su abusiva hipoteca, los bancos se hacen con sus propiedades, de las cuales, tras acumular raudales de ellas, se encuentran con el inconveniente de no poder sacar tajada de ellas pues… no se venden, no hay compradores capaces de afrontar una compra de esas dimensiones. Los bancos no se fían y tampoco conceden préstamos en los que exista ápice de peligro de no cobrar la renta por parte del comprador.

Los bancos, se aprietan el cinturón, la crisis les pasa factura y va cayendo la bolsa. Realmente, algunos de ellos ven de cerca la temida quiebra. Alguno es tocado y hundido.

Mientras tanto el proletario, alguno ya sin empleo y sin capital para pagar su vivienda, sigue haciendo frente a todo esto y más a contracorriente, llegando al punto de no saber qué más sacrificar en la búsqueda de su estabilidad económica. Esto es vida y lo demás patochadas.

Los bancos lo pasan francamente mal. Pero, aparecen los gobiernos e inyectan grandes sumas de dinero (de 300 mil millones a 500 mil en el caso del gobierno español) al sistema financiero.

La clase obrera trabaja, paga, trabaja, paga, sucumbe a la imposición de tributos, tasas, impuestos… los peces gordos se ceban con total impunidad, viven entre la opulencia, se bañan en caudales de ostentación. Llegan malos momentos para estos segundos… mi pregunta es: ¿quién les salva el culo? ¿Quién, a su vez, padece más todas estas adversidades?. Señoras y señores, les presento el sucio y corrupto mundo del capitalismo donde abundan pirañas, tiburones y buitres carroñeros.

jueves, 9 de octubre de 2008

- Profundo mundo de luz -

¿Qué depara en sus adentros las tenues corrientes del océano?
¿Qué deparan sus heterogéneas entrañas desconocidas?
¿Qué depara el medio natural donde no llega la mano del hombre?
¿Oscuridad, silencio, frío, una dimensión inhóspita acaso?
¿O quizás luz, color o extrañas y extravagantes figuras?
¿Un mundo de energía y corrientes energéticas?

Muchas preguntas se cuelan entre puertas entornadas del conocimiento humano
Y yo sólo deseo responder: Qué fortuna el ser inalcanzable vuestro paraíso.


video

- Great White I -

Me fascina el mundo animal desde que me crucé con el primer ser vivo. Todo ello no sólo por considerarlo exteriormente hermoso y cautivador, si no también por sus hábitos, sus prácticas, su adaptación evolutiva a su hábitat, por la inteligencia particular de cada especie, por su círculo social, por su variante sistema de reproducción según el género que correspondan, por sus métodos de defensa ante los peligros a los cuales están sometidos cada uno de ellos bajo el propio zenit terráqueo, etc. Por eso y mucho más, amo toda esta sociedad ajena del humano, cuan sabiduría es capaz de percibir uno con tan sólo observarlos.

Los tiburones nunca fueron una excepción. Esa gran familia de escualos que desde pequeños nos han metido el miedo en el cuerpo, en películas, leyendas o quizás también a través de algún que otro capítulo de la historia que han propiciado que el gran tiburón blanco adquiriese el seudónimo de Devorador de hombres, apodo deleznablemente injusto según afirman fuentes de investigación y protección sobre esta especie.

La película Tiburón, film de incuestionable éxito en la gran pantalla a mediados de la década de los setenta, originó una oscura leyenda sobre estos ejemplares, acción que sirvió para su desmesurada e incontrolada caza del hombre hacia el animal, no como negocio lucrativo, si no simplemente por alardear de su captura. En épocas pasadas, se escribieron algunas de las prácticas producidas en navíos esclavistas donde, al fallecer uno de éstos era lanzado por popa. Los tiburones, seres avispados, identificaban automáticamente el casco de la nave y quedaban a merced del menú del día. Esa teoría no está tan clara pues, los seres humanos, no formamos parte de su dieta gastronómica. El humano carece de la grasa o nutrientes suficientes que son necesarios para el escualo, es más, puede producirle problemas digestivos de menor grado. Normalmente el ataque del tiburón al hombre consta de un sólo mordisco que se produce por confusión no llegando así a devorar a la víctima. Por regla general, las victimas de nuestra especie pueden contarlo; los que no pueden que haya muerto desangrados del primer ataque “de prueba”.

En el mundo animal toda especie está al amparo del peligro de caer en las zarpas de un depredador mayor pero el tiburón blanco podría ser una excepción, o por lo menos el tiburón blanco adulto el cual puede llegar a alcanzar una longitud máxima de once metros aproximadamente. Un gran tiburón blanco puede llegar a alimentarse de otro de un grado inferior e incluso, los tiburones jóvenes, pueden caer bajo las mandíbulas de las Orcas, grandes máquinas depredadoras de mares y océanos.

La sociedad de estos escualos no es tan conocida como se desearía. La dificultad de los estudios de los mismos es la causa del desconocimiento de algunas de sus facetas como bien podría ser la de su reproducción. Nunca han sido filmados en época de apareamiento pero se intuye con seguridad que debe ser de características de lo más violentas. Se ha demostrado que, su comunidad se rige por rangos, a más tamaño más grande será su jerarquía dentro del grupo y si sobre la superficie ondea una presa muerta o mal herida sin dueño, se lleva a cabo un comparativo consistente en nadar simétricamente uno al lado de otro mostrando así quién de los candidatos es de mayor tamaño y por consiguiente va a ser el que se lleve el gato al agua y se quede con la presa herida o carroña (de esta última no es muy común que se alimenten).

Quizás, aparte de su eminente cuerpo, sus mandíbulas y dientes son lo que más llama la atención a uno (sin olvidar, claro está, su temida aleta dorsal). Sus mandíbulas pueden ejercer una fuerza 300 veces mayor que la de un ser humano. En ellas poseen dos filas de dientes (como bien podemos observar en la ilustración gráfica de la izquierda) de tal manera que, en el caso de perder alguno de ellos es sustituido por el de segunda fila. Los dientes de abajo se encargan de capturar a la presa, podríamos decir que desempeñaría la función de tenedor, mientras los de arriba cortan y desgarran como un cuchillo.

Un mundo de singularidades son las que ostenta este nómada oceánico protegido hoy por hoy en muchos de sus lugares de peregrinaje. De nuevo una clara muestra de la inteligencia de la naturaleza la cual compone y descompone con su máxima sabiduría.


"Lo peor de las malas personas es que nos obligan a dudar de las buenas"